
Por Oier Erkizia. Comunicación FEVAS
Seis meses cortando el pelo, bañando y secando a los perros que pasaban por sus manos. Cuatro horas diarias aprendiendo el oficio de la peluquería canina. Un esfuerzo y unas ganas inmensas que se han visto reflejadas en la obtención del título de peluquero canino en la tienda de animales Zoo Can de San Sebastián. Es el caso de Pablo, un joven donostiarra con Asperger que, lejos de acomodarse, mira constantemente hacia delante y busca ya nuevos retos que superar, sin rendirse, porque así cree que tiene que ser: “una lucha constante”.
A ojos de un extraño, Pablo desprende ilusión y ganas por los cuatro costados. Se le ve firme, seguro y con unos objetivos bien definidos. Estudia en Luberri y sueña con ser entrenador de baloncesto, un deporte que le apasiona y el cual sigue con entusiasmo; no en vano el que escribe tuvo la oportunidad de charlar animadamente con él sobre el equipo de la ciudad, el GBC; el transcurso de la liga y algunas pinceladas sobre la liga de baloncesto americana, la NBA. Sin duda que fue algo productivo, pocos conozco que manejen la estructura de las diferentes plantillas con tanto acierto y seguridad, sin un ápice de duda.
Es cierto que el baloncesto y los perros no se parecen en mucho, pero los animales son otra de las pasiones de Pablo, sobre todo los perros. Fue gracias a su mascota cuando, un día que estaba en Zoo Can, advirtió un cartel sobre el curso de peluquería canina y no dudó en apuntarse. “Tenía ganas de hacer algo adulto, algo que no fuera ni un curso escolar ni el bachillerato”, confiesa. Entonces empezó su apretada agenda: estudiar en Luberri por las mañanas e ir a Zoo Can por las tardes, una jornada cargada y muy completa que se le hacía “dura” por momentos, aunque admite que desde el colegio eran compasivos y a veces le mandaban pocos deberes.
El horario de una tarde de trabajo era el siguiente: entraba a las 16.00 y a lo largo de la tarde cortaba, bañaba, secaba y volvía a hacer un corte a tres o cuatro canes, lo que ya le ocupaba hasta la hora de marcharse. Recuerda que una vez vio “subir un montón de perros”, todos los que estaban expuestos, y tuvo que bañarlos uno por uno. Respecto a la dificultad de las tareas confiesa habérselo tomado “todo bien, porque tenía que aprender y es lo que he hecho. El que dice ‘qué difícil’, no entiende de la vida. Pienso que eso te hace peor persona, lo que hace es rendirte. Y no hay que hacerlo nunca. Una persona que me ha enseñado mucho me ha dicho que nunca hay que rendirse”.
Pablo sale reforzado del curso de peluquería. Se siente más valiente y se ve capaz de afrontar cualquier reto “dentro de un límite”. También recomienda, sin dudarlo, esta actividad a otras personas que estén indecisas o no se le ocurran propuestas con las que realizarse. Lo cierto es que tras los “buenos alumnos” que ha tenido en Zoo Can no ha dudado en aplicar los conocimientos con el perro que tiene en casa, una tarea que se le ha hecho más fácil porque su mascota es más cercana. “Me quiere y me respeta”, y eso se nota; claro. No quiere finalizar la conversación sin apuntar que “la vida es un camino muy largo y rendirse no sirve para nada, hay que luchar”. Su siguiente alto en el camino pasa por conseguir la licencia de entrenador. De momento el partido lo tiene ganado. Depende de él.
2 comentarios:
ENHORABUENA, PABLO POR TU TÍTULO; CON ESTA ACTITUD VAS A CONSEGUIR TODO LO QUE TE PROPONGAS.
Y EFECTIVAMENTE, HABLAR CONTIGO ES TODO UN PLACER, DESPRENDES UNA GRAN ALEGRÍA.GRACÍAS.¡¡¡¡
Felicidades Pablo, sobre todo por lo constante que eres, sigue así, deseo que logres el título de entrenador y que podamos celebrarlo. un beso de todos.
Maria Amor
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